Por mi casa

Por mi casa se la pasa un tipo que se parece full a Charles Aznavour. Yo siempre me le quedo mirando, imagino que es él; creo que ha notado amor en mis ojos, pero no quiero que me hable nunca, nunca en su vida. No sé si es loco, malandro, casado, un borracho, un profesor, un espíritu burlón. Sólo quisiera verlo y que no me hable nunca. Verlo pasar, como pasa, con su chaqueta de cuero negra y su peinado. Se sienta a comer y conversar con algún pana en la panadería. Yo lo miro siempre, pero paso rápido y no le hablo, para que tampoco me hable. No lo escucho, veo cómo mueve su pequeña boca al hablar. Sus cejas pobladas, su rostro finamente ovalado, su tez morena. No sé de qué color exacto era Aznavour, nunca pude verlo en persona. Si yo fuera no el tiempo, sino su paso, me hubiera quedado en su piel. No creo en fanatismos, nunca forré mi habitación con posters de nadie, así que no es eso; es admiración y respeto. Espero nunca me hable. Nunca sabrá.

A mi siempre migrante.



A  veces quisiera tener confianza contigo.
¿Nos estamos alejando más, verdad? Siento vértigo. Ya hasta tienes cosas en árabe ¿o era chino?  En todo caso, son lenguajes que no entiendo. Pero te dan un aire más distante, aunque muy culto.  De todos modos, nunca he sabido todo de ti.  No pasa nada.

Ya siento menos rabia de saber que tienes a María y a las demás en cada cuenta de Instagram y que ellas tienen todas tus coordenadas. Yo supongo que se trata de otros intereses, claro. Debe ser normal ¿Y cómo te fue hoy?

No se puede vivir en el futuro ni en el pasado. Sólo se puede vivir.
Bueno, cuando puedas responder, me cuentas cómo estás, si te tomaste tu cerveza. No importa con quién, o sí, pero quiero que te sientas bien.
Ya te celo menos, acepto más la distancia, desde todo punto de vista.
Eso debe ser bueno.
A veces me provoca no hablarte más.

Siento frío y tristeza cuando pienso en ti.
De todos modos, acá también estaría sola. No debería extrañarte mucho.
Me da rabia que te hayas ido, sabiendo que mientras uno duerme, el otro habla y nadie oye.
Hasta que ya no hablemos más, supongo.

Me hace daño esto.
Eres una herida.

XVI




          No tengo idea clara sobre el número; ni siquiera los nombres. Es que no son muy, no son poco ni nada. Recuerdo que el Principito llamaba rosa a la rosa, como Gertrude Stein. En estos días un amigo dijo que cuando ya se volviera loco, tendría perros y se llamarían perros y vendrían todos a comer. Ése es mi argumento.

VIII



          Me sacan directo al avión. Llega un taxi blanco, todo blanco; así no me angustio más. Me lleva al aeropuerto, donde espera un avión blanco, por dentro y por fuera. Voy a un país blanco. Allí están mis amores, que son blancos; así que no me importa si me engañaron, si lo que hicieron fue darme una vuelta mientras pintaban este mismo país de blanco. Sólo por complacerme. Es bonito que alguien te quiera tanto para teñir la calle de paz y que no te angustie la cantidad de soledades, los movimientos, los colores y sus sonidos. Y que ponga dientes, ojos y cabello blancos a los que van en el metro. Y que nadie hable, si no va a decir luz, sol, lápiz, abrazo o poema, que son sinónimos.

V



          Doy un salto entre la gente de acá. Le faltan ojos, dientes, la carne; se le ven los huesos. Muestran las uñas. Agreden con una sonrisa de anhelo. Se van a la mochila que llevas, se meten ahí. Agreden. Son muchos, se repiten. Agreden, sí ¿ya lo dije? Son iguales. No sé si están felices o cansados de no estarlo. Yo no quiero este miedo de estar.

Luz

Luz hipócrita
escandalosa
necesaria.

Casi te odio.

Alerta


No sé qué extraño de ti, no es todo
y no soy toda yo la que te extraña.

Tengo una parte a veces
alegre; una que canta,
trabaja, murmura,
olvida.

Otra siempre,
Mirando la ventana.  

No sé qué extraño de ti, no es todo
y no soy toda yo la que te extraña.